El café filosófico trata de reeditar los fructíferos encuentros de los antiguos pensadores griegos en el Ágora. Los filósofos basan su actividad en el diálogo, en la contraposición y la complementación de opiniones, y en concordancia con esto, el café filosófico consta de una reunión en grupo en una cafetería -u otro establecimiento adecuado- en la que, por un tiempo aproximado de dos horas, se habla del tema previamente seleccionado. Ello, claro está, se da en un ambiente amigable, tomando un café y disfrutando de la tertulia. Los temas pueden ser muchos y muy variados, pero siempre tendrán la característica de la trascendencia moral y filosófica; pueden ser temas adecuados el amor, la felicidad, la muerte, la cotidianidad, el miedo y un largo etcétera.
En dicha reunión, el filósofo profesional tiene la función de guiar la tertulia, detectar y mostrar las contradicciones que puedan surgir en los argumentos, exponer ideas relacionadas con el tema que se esté tratando, moderar los turnos, etc.
La finalidad del café filosófico es, pues, que los asistentes salgan con nuevos puntos de vista e ideas más completas y adecuadas del tema que se haya tratado, además de llevarse a casa la sensación de haber aprovechado el tiempo y haber disfrutado de una conversación agradable.